Fisiología reproductiva en la perra

 

El actual creciente mercado de las mascotas, en particular, la cría de perros de raza, determina la necesidad mejorar los conocimientos sobre fisiología reproductiva de la perra. El reciclaje continuo de los profesionales veterinarios en temáticas reproductivas están basadas en la necesidad de información y la creciente demanda de criadores y propietarios de perros en la actividad de la clínica diaria.

 

Pubertad

La pubertad se alcanza en el entorno de los 6 a 7 meses de edad (rango 4-24 meses). Las razas pequeñas tienden a presentar el primer celo a los 6-10 meses, pero las razas grandes comienzan a ciclar a los 18-24 meses de edad. (Shille y Stabenfeldt, 1980; Concannon, 1989). En general, se manifiesta el primer celo a los dos a tres meses que la hembra llega al peso corporal de adulto (Christiansen, 1989). Las perras ciclan a lo largo de toda la vida desde la pubertad, pero puede disminuir la fertilidad después de los 7 años de edad. Los cambios hormonales que desencadenan el comienzo de la pubertad en la perra, no han sido totalmente determinados. Puede inducirse la aparición más temprana del proestro de una perra, si se le aloja en un canil junto con otra perra en proestro, debido a la acción todavía poco estudiada de las feromonas. El primer celo puede presentarse fraccionado en algunas perras. En esos casos presentan descarga vaginal durante 2-10 días, que cesa (falso celo) y que es seguida de varias semanas más tarde por un celo verdadero (Lein, 1983).

 

Estacionalidad

Las perras generalmente se consideran monoéstricas estacionales, ya que solo tienen un celo por estación reproductiva, y es en primavera y en otoño en la mayoría de los individuos. Este concepto anterior en cuanto a las características del ciclo estral y la estacionalidad en la perra es el más difundido. Pero aún existe controversia en lo referente a la estacionalidad. Se ha planteado por parte de autores como Concannon (1998) que la perra presenta poca o ninguna evidencia de estacionalidad en la mayoría de las razas. Estudios sistemáticos no han podido demostrar una distribución bimodal de los períodos estrales, a pesar de que se ha observado que en algunos meses del año hay mayor actividad sexual (Concannon, 1998). También se ha observado en otros estudios que el estro ocurre durante todo el año en algunos individuos (Christiansen, 1989).

 

Generalidades

Todavía existen confusiones en la subdivisión del ciclo estral en la perra. Inicialmente se planteó que el ciclo de la perra se puede dividir en tres fases según manifestaciones externas: proestro, estro y metaestro, con una época del año donde no hay actividad sexual (anestro). Actualmente la división del ciclo para determinar las etapas se basa en las concentraciones plasmáticas de las diferentes hormonas. En la nomenclatura actual de las etapas del ciclo estral, el proestro y el estro se mantienen, pero el metaestro se toma como diestro, ya que es un momento de elevados niveles de progesterona con una duración de 2 a 3 meses (Linde Forsberg, 1996).   

Proestro

A un período de inactividad sexual (anestro) sigue el proestro, que es considerado como la primera etapa del ciclo. La perra muestra una cantidad variable de descarga vaginal y aumento de tamaño de la vulva. Con el incremento de la irrigación se produce la salida de eritrocitos por diapédesis hacia la luz de las vías genitales femeninas que en conjunto con las secreciones uterinas constituyen la descarga vulvar (Sorribas, 2000). La descarga es normalmente serosanguinolenta, pero puede presentar desde color blanquecino a francamente hemorrágico. Aunque la perra atrae a los machos por medio de jugueteos y escapes, tiene la vulva tapada con la cola, se sienta y no acepta la monta mostrando los dientes. Las perras pueden tornarse desatentas a las órdenes, excitables, nerviosas e inclusive montar a otras hembras. Ingieren gran cantidad de agua y, en consecuencia, orinan frecuentemente. En general este período se considera finalizado cuando la hembra acepta la monta del macho, pero algunas hembras pueden aceptar la monta, e incluso el coito y la eyaculación en el final del proestro (Christiansen, 1989). La duración media de esta etapa es de 9 días con un rango de 2-27 días (Concannon, 1983; Lein, 1983; Linde Forsberg, 1996).

Estro

Es el período en el que la perra acepta la monta. La vulva está todavía aumentada de tamaño pero algo más suave y turgente que en el proestro. La descarga vaginal tiende a ser de color pajizo, pero algunos animales pueden mantener la secreción serosanguinolenta (Christiansen, 1989). La duración media del estro es de 9 días (rango 3-21 días). El comportamiento de la perra cambia de la agresividad a la pasividad. (Concannon, 1983; Lein, 1983; Linde Forsberg, 1996). En la transición se produce el pico de LH y la ovulación espontánea de ovocitos inmaduros ocurre a las 24 a 48 horas del mismo. En el oviducto, los ovocitos necesitan 2-3 días para madurar a un ovocito secundario pronto para ser fertilizado. Los ovocitos maduros presentan una viabilidad de 2-3 días como ovocito maduro (Concannon, 1998). Entonces, el período de mayor fertilidad corresponde a 2 a 5 días de iniciado el estro como se muestra en la Figura 1. Por otro lado, no debemos olvidar que los propietarios de perras se refieren al conjunto de proestro y estro como "celo", no siendo una terminología específica, y no debería ser aceptada por los veterinarios, pero si debemos conocerla.

La duración prolongada de la maduración ovocitaria en el oviducto junto con la longevidad del semen del macho en el tracto reproductivo de la hembra (espermatozoides viables hasta 7 días), explica que una hembra montada en el primer día del estro pueda llegar a quedar preñada. Esto también explica la existencia de la superfecundación, o sea que obtengamos cachorros de más de un macho en un mismo ciclo (Christiansen, 1989).

Diestro

Si no tiene lugar la gestación, el estro es seguido del diestro. La perra entra en esta etapa cuando ya no acepta la monta y deja de ser atractiva para el macho por un efecto marcado de la elevada progesterona en sangre. El comienzo de esta etapa no corresponde a la descripción de todo o nada, ya que hembras que son detectadas en esta etapa por algunas de las técnicas de diagnóstico, aceptan todavía la monta. El tamaño de la vulva disminuye, pero algunos animales pueden aún presentar descargas vaginales. Esta etapa termina en forma imperceptible, comenzando el anestro. La duración media del diestro es de 90 días (rango 60-110 días) (Holst y Phemister, 1974; Concannon, 1983; Lein, 1983). Cuando se hablaba de metaestro en lugar de diestro, se aceptaba que se subdividía en dos fases: progresiva y regresiva. Inicialmente se realizaba esta división debido a características histológicas, pero se relacionan estos 2 estadios con la función luteal. La fase progresiva, hace referencia al período de desarrollo luteal post-estral (aproximadamente 20 días), y la fase regresiva, al momento del inicio de la regresión del cuerpo lúteo hasta que el útero vuelve a su estado de anestro 70 días más tarde. La descamación endometrial se inicia a los 90 días del inicio del ciclo y continúa por unos 21 días, siendo en parte reabsorbido. El endometrio está completamente regenerado a los 150 días del inicio del ciclo. En la perra, y en contraste con otras hembras de animales domésticos, la función luteal es casi idéntica en las hembras preñadas y no preñadas (Hoffman y col., 1996).

Anestro

El anestro es el intervalo entre dos períodos de actividad estral. Este es un tiempo de quiescencia reproductiva, donde hay una mínima actividad hormonal y los animales no muestran descargas vaginales ni comportamientos reproductivos asociados. La duración es variable, entre 2 y 5 meses. El intervalo normal entre dos ciclos varía entre 5 y 10 meses. Existe una variabilidad racial desde ciclos de 4 meses en Pastor Alemán hasta una vez al año, en el otoño, en el Basenji (Concannon, 1983). La preñez aumenta el intervalo entre ciclos una media de 28 días (Sorribas, 2000).

Existe una gran variedad individual en la duración de las diferentes etapas del ciclo estral así como en la intensidad de los signos externos de "celo". Además, el metaestro no presenta signos externos identificables, lo que imposibilita determinar con exactitud su inicio o finalización. Todo esto determina una dificultad para identificar las etapas del ciclo estral. Esta problemática se podría reducir con el examen del frotis vaginales, determinaciones hormonales o endoscopía.

 

Control hormonal del ciclo

La actividad cíclica innata del hipotálamo constituye la base hormonal del control, y es sensible tanto a cambios externos como internos en el animal. Los resultados de algunas investigaciones como los presentados por Soderberg (1990) sugieren que tanto el ovario como la hipófisis no descansan en el anestro. Durante el anestro los niveles de estrógenos oscilan entre 5-15pg/ml y los de progesterona entre 0,5-1 ng/ml. La FSH comienza a ser secretada durante 2-3 semanas previas al inicio del proestro en pulsos de frecuencia creciente (Soderberg, 1990).

Los niveles bajos de estrógenos causan un efecto rebote positivo sobre la adenohipófisis, estimulando la secreción de FSH, que da lugar al crecimiento y desarrollo folicular y a su vez a niveles crecientes de estrógenos (niveles que oscilan entre 25-60 pg/ml durante el proestro). Pero los niveles de FSH en el proestro permanecen todavía bajos, posiblemente explicado por la acción de alguna sustancia inhibitoria producida por los folículos (Soderberg, 1990). La progesterona comienza a elevarse durante el proestro, coincidentemente con la caída de los estrógenos, previo a la ovulación, por la luteinización de algunos folículos (Wildt y col., 1978).  El comienzo de la receptividad se debe a una acción sinérgica de la disminución de los estrógenos y el aumento de la progesterona al final del proestro (Concannon, 1983). Este proceso continúa hasta la madurez de los folículos, cercano a la ovulación. Ya en esta fase, los niveles altos de estrógenos causan un efecto rebote negativo que inhibe la secreción de FSH y por lo tanto el descenso de la secreción de estrógenos en la segunda mitad del proestro. En forma conjunta con lo anterior, el aumento de la progesterona, desencadena la liberación de LH en un gran pico que determina la ovulación (2-4 ng/ml de progesterona), coincidiendo con el primer día de la receptividad sexual (Figura 2). El momento de la ovulación es muy variado, entre 3-27 días luego del inicio del proestro con niveles de 4-10 ng/ml de progesterona en sangre (Soderberg, 1990). Boyd y col. (1977), reportaron, mediante observación ecográfica, que los ovocitos son liberados por un solo ovario por vez, y que la ovulación total demora 36 hs. 

El folículo ovulado, se transforma en un cuerpo lúteo, que secreta altos niveles de progesterona a la sangre y a su vez ejerce un efecto rebote negativo sobre la secreción de LH. Dicha LH mantiene al cuerpo lúteo hasta la mitad de su vida, pero los niveles decrecientes ejercen un efecto rebote positivo sobre la liberación de prolactina, que mantiene el cuerpo lúteo posteriormente (Figura 3; Verstegen y Onclin, 1998; Brugere, 1998). Los cambios hormonales en el ciclo de la perra pueden predisponer a una situación especial: la Pseudogestación (también conocida como pseudogestación o falsa preñez), a continuación de un estro sin concepción. El aumento normal de prolactina para mantener la vida útil del cuerpo lúteo está directamente asociado con la aparición de la pseudopreñez (Hoffmann y col., 1996). Aunque se han realizado varios estudios que evalúan algunas de las características de esta entidad, aún no hay claridad ni una única definición (Chakraborty, 1987). Aún se mantiene una diferencia de encare frente a la misma, ya que hay autores que la describen como un proceso fisiológico normal que algunas perras manifiestan y otros autores lo observan como una patología. En general, se acepta que la pseudopreñez es caracterizada por cambios fisiológicos y comportamentales en la perra. Los cambios se manifiestan clínicamente como distensión abdominal, agrandamiento de mamas con secreción acuosa hasta leche, comportamientos como anidar y tomar objetos inanimados adoptados como crías. En un trabajo pionero, Frost (1963) describe, luego de estudiar 500 hembras, que por lo menos el 40% presentaron signos clínicos de pseudopreñez. Basado en datos más actuales, la mayoría de las hembras no preñadas exhibiría algún signo de pseudopreñez de intensidad variada y una fase luteal similar en longitud a una hembra preñada (Chakraborty, 1987). Algunos autores prefieren el uso del término pseudolactación más que pseudopreñez para este síndrome. La concentración de prolactina durante la pseudopreñez clínica aún no ha sido adecuadamente estudiada para determinar si la concentración es similar o más baja que la observada en la preñez (Concannon, 1998). 

 

Gestación

 El parto se produce a los 63 días (rango de 58-68 días) de la monta. Pero si relacionamos la fecha del parto con el pico de LH, el período de gestación es mucho más homogéneo (65 ± 1 días). La progesterona se mantiene en meseta y los niveles de estrógenos aumentan en el último tercio de la gestación (Concannon, 1989). Durante la gestación se modifica el cuerpo de la perra, aumentando de peso con una variación de un 20 a 55% más al final de la preñez, al mismo tiempo que se produce el desarrollo mamario y cambios en la silueta. Una vez que se produce la fertilización de los ovocitos, los blastocistos entran en el útero alrededor del día 9-12 del pico de LH (Día 0). Los cambios uterinos preimplantación relacionados con la mucosa uterina y miometrio pueden ser detectados alrededor del Día 16-17 y la implantación del feto es alrededor del Día 20-21 (Concannon, 1998).

El diagnóstico de preñez se puede realizar por palpación abdominal en perras a los 25 a 28 días del servicio, cuando es más evidente el “collar de perlas” del útero que lo conforman las vesículas embrionarias, existiendo una baja incidencia de falsos positivos (Beverly, 2001). La mayor parte de las gestaciones se visualizan con facilidad por ecografía a los 28 días después del servicio (Beverly, 2001). Con los rayos X se detecta la preñez a los 45 días de gestación debido a la osificación de los huesos de los fetos (Barr, 1988).

Imagen: cortesía de The Drost Project (drostproject.org). Radiografía de gestación de 50 días. Se identifican 7 cráneos y espinas dorsales.

 

 

Detección de las etapas del ciclo

La determinación precisa del momento fértil de la perra permite un apareamiento preciso, ya sea por monta natural o inseminación artificial, con la finalidad de obtener una óptima tasa de concepción y tamaño de la camada.

Los signos clínicos y las modificaciones comportamentales observables en las diferentes etapas del ciclo estral han sido utilizados en forma corriente por los criadores de perros para determinar el momento óptimo de monta.

Por medio de la citología vaginal, se ha determinado las características cíclicas de diferentes especies de mamíferos, como ser: rata (Montes y col., 1978), carpincho (López Barbella, 1982), tapir (de Fernández y col., 1994) y nutria (Silva y col., 1997). Esta técnica es el método indirecto más difundido, simple y rápido utilizado en el mundo. Desgraciadamente tiene un grado relativo de exactitud debido a que el momento más preciso de determinar es el inicio del metaestro, lo que denotaría que la ovulación ocurrió aproximadamente 6 días antes, y esto ya sería demasiado tarde para la monta (Feldman y Nelson, 1987). Esta técnica se basa en que las células epiteliales vaginales responden a los cambios hormonales desde un crecimiento de 2-3 capas en anestro a 20-30 capas de células en el estro, con queratinización de los estratos epiteliales superficiales.

Además, es muy útil para colaborar en el diagnóstico de patologías, como vaginitis, piómetra, metritis o infertilidad. Para obtener los máximos resultados con este estudio es indispensable contar con una anamnesis completa y exhaustiva, así como un examen clínico general y particular completo. No debemos olvidar que el aparato reproductor no es una entidad aislada del resto del organismo y que algunas patologías de otros aparatos o sistemas lo influyen. Para obtener la muestra se realiza un hisopado de la región craneal del techo de la vagina. Con la muestra obtenida en el hisopo se realiza un frotis, el que se deja secar al aire para luego ser coloreado. Existen múltiples colorantes que se pueden utilizar con buenos resultados, como ser Azul de Metileno, Azul de Toluidina, Giemsa, así como coloraciones específicas como Harris Shorr o Papanicolau. No existe diferencia entre utilizar Azul de Metileno, Azul de Toluidina o Harris-Shorr a lo largo del ciclo estral de la perra (Fila y col., 2001). En el frotis se observan los posibles tipos celulares: células parabasales, intermedias, superficiales nucleadas y anucleadas, espumosas, metaestrales, así como glóbulos blancos, glóbulos rojos y bacterias. En función de los diferentes porcentajes de tipos celulares, se establece un diagnóstico. Para situaciones puntuales o patologías con un único frotis puede ser suficiente. Frente al diagnóstico del momento fértil de la perra se recomienda la realización de al menos tres frotis (con 48 horas entre ellos) desde el segundo al tercer día de iniciado el celo.

 La vaginoscopía o endoscopía vaginal es también utilizada para estimar el momento de ovulación. Los cambios en la mucosa vaginal son la respuesta a las hormonas que controlan el ciclo estral y modifican la retención de agua a nivel de la misma (Okkens y col., 1992). Por medio del vaginoscopio se observa la zona medial dorsal de la mucosa vaginal, que es donde usualmente se producen cambios más marcados. Al inicio del proestro la mucosa vaginal presenta pliegues pequeños y redondeados. Al avanzar el mismo, se observan pliegues de mayor tamaño, edematosos, con los que se presenta un aspecto de arrugas. Un observador experto determina fácilmente el momento de máximo plegamiento de la mucosa, lo que se produce cerca del pico de LH, alrededor de tres días antes de la ovulación, siendo este el momento más adecuado para la monta (Jeffcoate, 1989). Para obtener buenos resultados es recomendable inspeccionar la vagina cada dos días, desde el quinto día de iniciado el proestro. Es una técnica que, dada la experiencia necesaria del observador, no siempre es exitosa (Okkens y col., 1992).

 Se puede utilizar la determinación hormonal, la que se basa en que la ovulación ocurre 48 horas (rango de 24-72 horas) después del pico de LH, la maduración ovocitaria se da 2-3 días pos ovulación, y el momento de fertilidad máxima es entre 2 y 5 días pos ovulación. Debido a esto, se necesitaría determinar exactamente el momento del pico de LH, pero esto es difícil por su duración en sangre (1-4 días), que es relativamente más larga que en otras especies (Guerin, 1998). Existen test semicuantitativos (ELISA) para identificar el pico de LH, que aún no se encuentran en nuestro mercado. Debido a las complicaciones prácticas, el test para LH aún no es recomendado como un método seguro y práctico de predecir la ovulación. Por lo mismo, se recomienda el uso de los niveles de progesterona en sangre como método para determinar el momento óptimo. En etapas basales, los niveles son de 0,5 ng/ml y 48 horas antes del pico de LH, aumenta a niveles entre 2-5 ng/ml, elevándose durante el estro hasta alcanzar los valores máximos entre 13-28 días de finalizar esta etapa (Concannon, 1989). Lo más exacto para la determinación de estas hormonas en sangre es la dosificación mediante Radio Inmuno Análisis, pero suele ser muy costoso. Con la utilización de los kits semicuantitativos (ELISA), se toman las muestras de sangre cada 2 días, a partir del día 7 del inicio del proestro, y el resultado se obtiene a los 15-30 minutos por cambios de color (Linde Forsberg, 1996). Si la hembra ya ovuló, teniendo un alto nivel de progesterona, está indicado la monta inmediata con resultado eficaz (Figura 4).

 

Conclusiones

Las características actuales de la denominación del ciclo estral en la perra (proestro, estro y diestro) están basadas en las concentraciones hormonales. Las variaciones individuales normales en la duración del proestro y estro en la perra con un rango relativamente amplio determinan la necesidad de conocer en forma más precisa los cambios del ciclo estral que el manejo tradicional (monta al día 11 de iniciado el proestro, considerando que el mismo tiene una duración de 9 días), para mejorar los resultados de la fertilidad de la perra. Las características particulares de las concentraciones hormonales con el aumento de la progesterona previo a la ovulación, por la luteinización de folículos, junto con la disminución de los estrógenos durante el final del proestro, son indispensables para entender el ciclo estral en la perra. El mantenimiento del cuerpo lúteo por la secreción de LH en la primera mitad de su duración, y posteriormente su mantenimiento por intermedio de la prolactina, determina la existencia de características y patologías particulares en la perra. Además, la utilización de técnicas tan sencillas como la colpocitología para determinar el momento del ciclo y el periodo de mayor fertilidad, así como la posibilidad en un futuro cercano, en nuestro medio, de la utilización de kits de progesterona por parte de un amplio número de colegas, colaborará en mejorar los resultados de fertilidad en la perra, donde el principal problema es la elección del momento de monta o inseminación artificial.

Cada vez con mayor frecuencia se consulta a los veterinarios para evaluar la capacidad reproductiva de los perros, y para asesorar sobre el manejo reproductivo. Este capítulo enumera las características necesarias para mejorar el manejo reproductivo con la finalidad de mejorar la formación de los profesionales veterinarios.

 

Texto: Javier López

 

Tema: Fisiología reproductiva en la perra

Fisiología repro en perra

Dorcas | 01.06.2020

Muy buena la información

rep en perras

ale | 08.06.2016

muy vien trabajo

rep en perras

nalle-nati-14O@outlook.com | 22.10.2015

excelente articulo

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